Cómo es Jordania
No es un país tan barato como uno esperaría viendo el nivel de vida de la población local, pero los precios son mucho más bajos que en Europa.
Se trata de un país árido, de paisajes desolados. El viajero puede llegar a tener una cierta sensación de fealdad.
Las ciudades no tienen mucho interés salvo por las sensaciones que pueden despertar lugares diferentes a los que estamos acostumbrados.
La gastronomía en general es atractiva y se puede comer por poco dinero incluso siendo exigente con la higiene del restaurante.
Es fácil moverse en taxi por el país, aunque los taxistas son duros de roer y hay que estar atento para evitar que te tomen el pelo.
El trasporte público tiene únicamente tres inconvenientes: enterarse de cuál es el autobús apropiado, cuáles son sus horarios y luego ser capaz de sacar el billete.
Jordania no es un país muy preparado para el turismo por libre, pero es posible hacerlo si a uno no le importa introducir un poco de incertidumbre en el viaje.
Es difícil contactar con la gente. Apenas saben idiomas y no tienen, en general, demasiado interés por charlar con turistas. Sin embargo, si se logra ese primer contacto (normalmente fuera de los lugares turísticos) el viajero quedará impresionado por la amabilidad y hospitalidad de los jordanos.
El clima es muy variable y extremo: desde temperaturas que rondan los 40 grados en el desierto hasta el frío e incluso nieve en las zonas más altas.
