Esta tarde quemaremos los kilómetros que nos quedan hasta la laguna de Jokulsarlon, rodeados de interminables llanuras verdes. Si ayer en el Círculo Dorado nos sentimos como en una película de postguerra nuclear, hoy veremos interminables pastos hasta divisar el volcán Hekla en el horizonte. Finalmente llegamos a esta fascinante laguna glaciar, donde el mayor glaciar de Europa, el Vatnajokull, desciende de las montañas y casi alcanza la costa. Ver este coloso de hielo es una emoción que se siente pocas veces en la vida, y será aún más fuerte si tenemos la suerte de presenciar la creación de uno de los icebergs que flotan en la bahía... ¿Cómo ocurre? Enormes bloques de hielo se desprenden de la pared del glaciar y luego se quedan en la laguna, creando un paisaje surrealista. Aquí, si el tiempo lo permite, tendremos la posibilidad de hacer una excursión en un barco anfibio: empezaremos en tierra firme y después entraremos en el agua para acercaremos a un iceberg, coger un trozo y... ¡probarlo!
Tras despedirnos del glaciar, en apenas 170 km ya estamos inmersos en un paisaje completamente distinto: los fiordos orientales, famosos porque durante el verano, en sus playas hay miles y miles de frailecillos, aves que parecen una mezcla entre el cuerpo de un pingüino y el pico de un tucán. Aquí podemos bajar a Seydisfjordur, donde podemos explorar los alrededores en mountain bike o cruzar el fiordo en kayak.
Egilsstaðir
Por la tarde llegamos a la que se considera la única ciudad pequeña del este de Islandia. ¡Solo tiene 2.000 habitantes! Tendremos algo de tiempo libre para relajarnos; ya sabéis, a estas alturas ya nos hemos dado cuenta de que a los islandeses les encantan los balnearios, ¡y nosotros también le hemos pillado el gustillo! Así que... ¿buscamos una piscina termal?
Día 5. Dettifoss y Ásbyrgi Canyon
Es la reina de las cataratas de Europa: ¡Dettifoss! La más potente del continente, con máximos en verano de 1,5 millones de litros de agua por segundo. El agua cae a 44 metros de altura, generando salpicaduras visibles desde hasta 1 km de distancia. Podemos acercarnos mucho a ella, con total seguridad y sin estructuras artificiales. De nuevo, como en Gullfoss, solo estaremos nosotros y el poder de la naturaleza.
Por la tarde, haremos senderismo en un cañón con paredes de hasta 100 metros de altura, completamente cubierto de una exuberante vegetación, que es el hogar de la anidación de la gaviota fulmar (no sabemos si podremos verla, pero ¡queríamos compartir con vosotros esta información!) Cuenta la leyenda que los dioses, arrojados a las aguas de Godafoss, se refugiaron en Ásbyrgi, cuyo nombre significa "refugio de los dioses". Desde aquí, se dice que siguen vigilando el país.
Día 6. Hùsavìk y Godafoss
Hoy nos despertamos en Hùsavìk, ciudad famosa por ser el principal puerto donde avistar ballenas. Evidentemente, las empresas que organizan las excursiones no garantizan los avistamientos, pero son tan frecuentes que la ciudad está considerada la capital mundial de la observación de cetáceos. Hùsavìk también cuenta con un interesante museo de historia natural, donde se puede admirar un oso blanco disecado y varios esqueletos bien conservados de muchas especies de mamíferos. Después de una hora en coche desde el puerto de Hùsavìk, nos encontraremos de nuevo rodeados por un paisaje casi postnuclear. Vamos rumbo al lago Myvatn: cráteres, zonas de agua humeante, barro burbujeante, suelos sulfurosos... ¿Quién sabe cómo sería sobrevivir en un entorno así?
Llamada "la cascada de los dioses", Godafoss será la última gran cascada que veamos en Islandia. A diferencia de las otras tres, esta es menos potente, pero no por ello menos espectacular: gracias a su forma de herradura, parece abrazarte mientras la admiras. Aquí, la naturaleza también reina sobre el paisaje, totalmente desprovista de construcciones humanas. Por la tarde llegaremos a Akureyri, donde pasaremos la noche, pero antes nos espera la última parada del día. Con tanto movimiento, necesitamos relajarnos: nos esperan las piscinas termales de Forest Lagoon, en un entorno de cuento de hadas que nos hará recargar las pilas en un abrir y cerrar de ojos.
Día 7. Snæfellsnes
Nos levantamos tempranito y ponemos rumbo a la península de Snæfellsnes. Como el viaje en coche durará unas cuantas horas, haremos algunas paradas: es imposible no detenerse a admirar las históricas casas de turba (un depósito de restos vegetales y orgánicos descompuestos, que en el pasado se utilizaban para fabricar ladrillos), típicas viviendas islandesas que parecen sacadas de un cuento de Disney y que aún conservan en su interior objetos del pasado.
Llegamos a la península de Snæfellsnes y tenemos tiempo de sobra para disfrutar de este magnífico lugar, probablemente uno de los más famosos de Islandia. Aquí se encuentra Kirkjufell, descrito como el mejor lugar para hacer fotos de toda la isla. ¿Y qué vamos a hacer cuando lleguemos? Pues coger nuestras cámaras y buscar la mejor foto.
Día 8. Reykjavik
Disfrutamos de los últimos momentos en la península. Esta vez nos dirigimos hacia Reykjavik y elegimos un restaurante típico en el puerto para comer. Después, tendremos tiempo libre para ir de compras (hay muchos mercadillos, el más famoso es el de Kolaportid), visitar museos o simplemente disfrutar del centro de la capital islandesa.
Día 9. Reykjavik- España
Check-out y hasta la vista, Reykjavik
Nos despedimos de Reikiavik, ¡hasta la próxima aventura!