Qué ver en Reikiavik

  • Dar un paseo por la pequeña capital islandesa y visitar algunos de los monumentos más antiguos y emblemáticos del país, como el Parlamento o la Casa de Gobierno. También es interesante organizar una visita al Museo Folclórico de Arbaer durante el viaje, donde se pueden ver las antiguas casas, iglesias y granjas construidas con pasta y turba.

  • Contemplar el sol de medianoche durante los meses de junio y julio. Si el viaje coincide con el mes de septiembre, el cielo obsequiará al viajero con las espectaculares auroras boreales, que se muestran en uno de los cielos más limpios del planeta.

  • Relajarse en uno de los seis baños geotermales de la ciudad, cuyas aguas parecen tener propiedades terapéuticas y curativas para la piel. Otra opción durante el viaje es visitar la Laguna Azul, en cuyas sulfurosas aguas se flota del mismo modo que en el Mar Muerto.

  • Comer el sabrosísimo pescado y marisco de la zona. Otras especialidades son el skyr, una especie de yogur de origen vikingo, o la sabrosa carne de tiburón.

  • Islandia es uno de los mejores lugares para el avistamiento de cetáceos. Existen multitud de cruceros dedicados al avistamiento de ballenas jorobadas, ballenas azules, delfines blancos y marsopas.

  • Realizar alguna excursión en coche por los vastos parajes de la isla. La única carretera que recorre el país, la carretera número uno, la circunda por completo y permite conocer más a fondo esta tierra. Sin duda, una de las actividades más apetecibles del viaje a Reikiavik.

  • Salir de noche en los bares y discotecas de del Distrito 101 de Reikiavik, conocidas por la fiesta y el desenfreno. El ambiente de exaltación hace creer que la gente todavía se está desquitando de la época de prohibición de la cerveza, ilegal hasta 1989. Muchos extranjeros vienen aquí exclusivamente para disfrutar las noches del fin de semana.

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