Qué ver en Martinica
Las playas del sur de la isla, como la de ‘Les Salines’ son de postal. Pasar unos días tomando el sol o buceando en sus alrededores es un premio perfecto para quien quiera desconectar de la rutina y el estrés del resto del año.
Recorrer el Jardín de Balata fotografiando algunas de sus más de 3 000 especies, entre las que destacan las orquídeas salvajes, es fascinante. No en vano la isla es denominada ‘la isla de las flores’.
Hacer deporte en el interior de la isla. Hay senderos que permiten hacer rutas en bicicleta de montaña o a caballo, e incluso es posible hacer algo de descenso de barrancos.
Visitar Saint Pierre, antigua capital destruida por una erupción volcánica, en la que se puede dedicar una tarde a un interesante museo sobre los volcanes, o visitar las ruinas de los edificios más representativos anteriores al cataclismo.
Comer en Martinica es una delicia. Todo el gusto y la tradición franceses se añaden a los magníficos y frescos productos locales.
