Qué ver en Marruecos

  • En un viaje a Marruecos, es fundamental visitar las cuatro ciudades imperiales, especialmente Fez (http://www.buscounviaje.com/blog/libros-viaje/viajando-por-marruecos-con-paul-bowles-la-casa-de-la-arana/) y Marrakech. Se deben contemplar sus mezquitas, palacios y murallas, pero también sumergirse sin miedo en sus vibrantes medinas, comprar algo de artesanía y comer en un puesto callejero.
  • Recorrer las provincias desérticas del sur sin prisa. A pesar de que el paisaje está compuesto de pedregales, montones de arena y barrancos secos, el desierto de Marruecos no deja de sorprender por su belleza a cada revuelta del camino.
  • Descansar en Essaouira (http://www.buscounviaje.com/blog/relatos-viajes/kiteboarding-en-essaouira-marruecos-y-el-placer-de-las-pequenas-cosas/), un fuerte portugués que encierra una de las medinas mejor conservadas de Marruecos y un puerto pesquero tradicional.
  • Pasar unos días en Chefchauen, uno de los pueblos más bonitos de Marruecos. Sus calles blancas y azules contrastan con el verdor de las faldas de las montañas en las que se asientan. Si el viajero se lo puede permitir, es mejor hacer la visita fuera de la temporada alta, para evitar que las hordas de turistas le arruinen a uno la experiencia.
  • Dos de las joyas de Marruecos, y que por si solas justificarían un viaje, son las gargantas del Todra y del Dadés. Recorrerlas en todo terreno o a pie es toda una experiencia. Tras la larga jornada, lo mejor es alojarse en una Kasba y comer un buen Tajine.
  • Hacer una excursión a pie por las dunas de Merzouga (Erg Chebbi) tratando de imaginar lo que debe ser atravesar el desierto del Sahara en una caravana y para recuperar fuerzas degustar una de las famosas empanadas llamadas Medfounas.
  • Marruecos es una de las ‘mecas’ mundiales para los amantes del surf. Sus playas solitarias y constantes olas lo convierten en un lugar único.
  • Si uno se agobia en la medina de Fez por su tamaño y por la cantidad de guías falsos, se puede dirigir a la cercana y más tranquila, pero igualmente auténtica, ciudad de Meknes. Arquitectónicamente es una de las mejores de Marruecos y recibe menos turistas que el resto de las ciudades imperiales.
  • Tánger es una ciudad mágica aún en su decrepitud. Puerta de conexión entre España y Marruecos cuenta con un buen número de históricos cafés en los que se puede seguir la pista de intelectuales de todo el mundo que residieron.
  • Las montañas del Atlas ofrecen magníficas oportunidades para hacer senderismo. Marruecos es un país bastante montañoso y cuenta con numerosas cimas por encima de los 3.000 msnm y algunas sobre los 4.000. En el anti atlas, al sur del país alguno de los escenarios, que combinan la nieve de las cumbres con el árido desierto, son de una belleza inusitada.
  • Vagabundear en las maravillosas ruinas romanas de Volubilis las mejor conservadas de todo Marruecos.
  • Recorrer el valle del Draa, desde Zagora hasta Ourzazate. La sucesión de pueblos medievales, el enorme palmeral y las montañas de color anaranjado que enmarcan este recóndito lugar de marruecos lo convierten en uno de los más bellos del país.
  • Una de las costumbres más arraigadas en la cultura de Marruecos es tomar el té. Esta infusión está presente en todos los momentos de la vida y aunque nos pueda parecer una contradicción, es muy utilizado para combatir el calor. Las normas de la buena educación aconsejan tomar por lo mínimo dos tazas de té para complacer a nuestros anfitriones.
  • Perderse por los misteriosos bosques de cedros del Medio Atlas y vivir una auténtica experiencia Bereber durmiendo en una de las muchas casas que acogen a visitantes.
  • Visitar la localidad de Midelt conocida como la capital de los fósiles y los minerales de Marruecos, en ella pueden comprarse a mejor precio que en otros lugares. Se trata de la puerta de entrada del Alto Atlas y desde aquí podemos admirar una vista espectacular de sus cumbres.
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