Qué ver en Emilia-Romaña
La capital, Bolonia, es una ciudad fascinante en la que la gastronomía es absolutamente impresionante. Sus restos históricos, como las famosas Dos Torres o la gigantesca Basílica de San Petronio, tampoco dejarán indiferente a nadie.
Ferrara, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es el fiel reflejo del Renacimiento. Sólo sus calles y fachadas ya constituyen auténticos tesoros artísticos que justifican plenamente una visita a la ciudad.
El Castillo Estense es una parada obligatoria antes de viajar hacia Módena, cuna del famoso vinagre, para visitar la Catedral Románica y el Campanario de la Ghirlandina.
También en la provincia de Módena, en Maranello, los adeptos a la velocidad podrán deleitarse en la Galería Ferrari, donde disfrutan del descanso del guerrero algunos de los coches más prestigiosos del fabricante y donde se guardan los trofeos obtenidos por los "Cavallinos Rampantes".
Rávena, conocida como "la Ciudad de los Mosaicos", posee ocho edificios reconocidos por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. La Basílica de Santo Apollinare Nuovo, el Mausoleo de Teodorico y la Basílica de Santo Apollinare in Classe son obras realmente dignas de ver.
Visitar Faenza es también sumamente recomendable. Con una gran riqueza arquitectónica y con un importante legado histórico y cultural a sus espaldas, esta localidad atesora una gran fama internacional gracias a su antigua industria alfarera, cuyos artesanos practican desde el Siglo XIII.
La región entera está sembrada de ciudades encantadoras, repletas de patrimonio medieval y dotadas de bellos cascos históricos. Piacenza, Parma, Módena o Rímini no defraudarán al viajero que se aventure por sus calles.
La gastronomía de Emilia-Romaña es de las más exquisitas de Italia. Durante el viaje, no hay que dejar pasar la oportunidad de disfrutar de la especialidad local: la pasta al huevo realizada con harina de trigo y trufas al ajo con salsa de vino blanco. De entre sus productos más importantes, cabe destacar también el queso parmesano, el lambrusco y el vinagre balsámico de Módena.
