Cómo es Malta
Por su clima y sus precios competitivos, Malta es un destino perfecto para estudiar inglés, por lo que no es difícil encontrar grupos de jóvenes europeos practicando inglés a altas horas de la madrugada, en cualquiera de los múltiples bares y discotecas de la ruidosa Paceville.
Malta no es un destino para viajeros hiperactivos: en tres días se puede visitar todo, y salvo que uno sepa disfrutar del sol, la playa y la fiesta, pronto se aburrirá.
Las aguas de Malta, por su limpieza y claridad, son un destino perfecto para practicar buceo sin salir de Europa.
Es un país católico en el que la Iglesia tiene una gran influencia. En Malta está prohibido el aborto y el divorcio lo estaba hasta mayo de 2011, cuando su legalización se aprobó en referéndum popular con un ajustado resultado final (52% a favor vs. 48% en contra). En casi cada esquina encontraremos alguna iglesia, capilla o monasterio. Además, el calendario festivo viene marcado por las fiestas religiosas, con sus desfiles y sus fuegos artificiales.
La gastronomía maltesa es típicamente mediterránea aunque poco variada. El plato nacional es el conejo guisado con vino (fenek), aunque también destacan los pescados a la brasa y los platos elaborados con pasta al estilo italiano.
Es recomendable moverse en coche por las islas, ya que el transporte público es anticuado y siempre obliga al viajero a pasar por La Valeta.
En Malta no abundan las playas de arena y lo habitual es tomar el sol en plataformas rocosas adaptadas al baño. Eso, si uno consigue encontrar un sitio libre...
